La libertad no
era lo que esperaba, al final nada lo
era. La vida era un ramo sin sangre, el
amor no existía sin mí -pero tampoco conmigo-, los mares eran
indescifrables monstruos y la resistencia resultaba la única forma de huir.
No encontré al
final del camino una nimia indicación o señal salvaje, tampoco existía piedra alguna que se atreviera a contar el secreto. Era entonces el
acertijo más inesperado que se me había presentado jamás:
¿Habría que resistir?
Si tu imagen borrosa se fugaba con el viento como
el amor, la vida y todo lo que nunca debí
haber esperado. ¿Sería entonces que moriría?
Quizás ya lo había
hecho.
Me llevó siglos o
segundos descubrir que había que crearse. Si nada existe entonces ¿que estaríamos
esperando? La nada no iba a advenir real
para colmar nuestras expectativas. Nosotros debíamos librarnos de ser algo para
inventarnos todo.
Ahora lo
entiendo.
Mañana veré.
Jazmìn