Lapachos Rosados

Lapachos Rosados

jueves, 23 de febrero de 2012

VENTA DE HUMO Y A CORRER


Recién había comenzado la velada, un gran salón y el languidecer de las luces. En la inmensidad, un collage de baldosas, rosas y flojas. Tan flojas que cualquier paso en falso, haría saltar la podredumbre. La entrada era gratuita, sólo había que llevar un ser perecedero y dejar las verdades en la jaula que te acompañaría al salir de la celebración, esperaría que nadie más te viera, y te abrazaría en el próximo día, perpetuamente.
En el ruido, después de tropezar con  varios kilos de carencias con corbata y bellísimas huidas, se vuelca aguardiente en mi disfraz. Me detengo, busco el catálogo del festín, nada parece indicar qué debo hacer. La quietud amenazante me invade en esta broma de seducción y prosopón. Intento secarme, pero mi cuerpo escupe el descuido.
Desesperada y sin tramarlo, busco mi jaula en el guarda ropas y retiro mi cadáver de apariencias.

Chau. Portazo, la oscuridad y nadie más que tu insignificancia saludan tus manchas.
Hace frio y es real, me rosan almas inmaculadas a bordo del tiempo, inscripta por el licor en la gélida noche, agoniza mi velo.
Súbitamente, abrazando el esperpento, me sorprendo respirando. Siento mi alma abrirse, refaccionarse. Volviendo a desplegar lo siempre enmudecido.
dejé de tratar de ser y fui.
Siempre fue así, iluminando nuestras sombras y escupiendo la persi-somomia de cultura aglutinada, propagas el magma-alma, magma.


viernes, 17 de febrero de 2012

caleidoscopismos





Moríame mi alma
Amábate igual
Cambiósete la forma
desnudósete el sonido
escondiéndose en el aire

Despojado envuélveme
Aparéceme en novedad
Evapórese como guste
Escúrrase a su cantar

Enaltecido abráceme
Rehúse velar mi soplo
Amándote mañana.

miércoles, 8 de febrero de 2012


Que no nieve
Que no nieve si es verano
Y te siento huir de mí

Y si nieva y tú te escondes,
sólo aúlla.
Murmura, cuéntame a dónde irás
Y de dónde vendrás ahora a visitar mi alma

Yo perseguiré el secreto, en el frío un rastro más  
Tan sólo deja una palabra, un reparo de tu ser
un reparo de tu ser

Pero nieva
Nieva y es verano
hiela y me asusta no encontrar tu edén en mí
Tu sol aquí, conmigo, esperando en ti

lunes, 6 de febrero de 2012


Vea, estaba colmado de lluvias y gentes mojadas. Mojadas por chaparrones de verano, humedecidas por la angustiosa vida de mandadero. Entre un salpicón de humores varios, un hombre de casaca escarlata. En ella una espiral que gritaba al compás de salvavidas (calculo serían dieciséis -siempre y cuando las eses sean las pieles de los salvavidas. En otro caso podrían haber sido tres-).  El tipo sosteniendo un par de zanahorias y analizando sus puntiagudos fines, cierra los ojos, el pecho y la sien.
Inspira,
rebalsa aires incógnitos.
Cambia el grupo de zanahorias. Es como si buscase una identificación. Definitivamente necesitaba más que atracción en esos cuerpos naranjas.
Lo empujan multitudes maceradas en sus vidas hartas y afligidas. Así y todo, ningún coletazo perturba su cautelosa investigación.

¡Vuelva a tomar cuatro!, se obligó.
¿cara o seca? Seca.
 Tomó las que tenían más talante de lealtad.  Las aprieta, las siente. Mira sus pliegues, sus guiños.   Quizás buscaba en ellas alguna propuesta. Alguna idea de qué hacer en esa reunión de desconocidos contendientes.  Se detiene un momento, seca sus lentes llovidos con su remera de salvavidas, como buscando percibir mejor el mensaje.


Muchas instantáneas más tarde, al parecer no notificamos ni una muda sugerencia.
Las devolvimos a su mausoleo.
Sacrificando su afán, el hombre regresa a su galera de armaduras a embuchar, simulando inapetencia.

¡Seducido por un par de zanahorias! ¡vaya siniestra puede ponerse la soledad!, pensé.
Después me vi, seducida por captarlo en su quieta expedición. No tuve más que decir.




jueves, 2 de febrero de 2012



Aquel cuerpo que tan generosamente cree su vacuidad. Como si ya lo hubiera dado todo. Como si alguna vez hubiese amado con el alma. Como si alguna vez algo en su alguna vida no hubiese dado registro ilustrado de algún segundo muerto, en su alguna vida.
Sobre él, otra sospecha se me arrodilla, me implora. En su súplica hasta ha llegado a prometerme no robar todos los atardeceres. La observo, no sé si entiendo. Quiere solo algunos, sobre todo los de cielos rosados que anticipan el quebranto.
 Insiste, yo lo abrazo.
Al llorar, se tiñe del cuerpo del rey y ruega un instante de sol huyendo. Dice no encontrarse cuando me aclama. Pero siempre regresa a mí, destrozado por la desilusión de haber vuelto a perder quién sabe qué.  Se invita otro abrazo desconcertado y quita su pañuelo de pintas.
Un día, disimuladamente, lo veo desistir.
Cada vez más próximo, entre el humo agonizante de quien no quiere ver y tres palmadas en la espalda, se detiene en mi mirada un par de horas y en el mate de las siete me confiesa,
 quiere ser mi sombra.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una zambita que me zumba.  Que me zumba y me zambulle. Me zambulle en el zumbido de cien zetas en el zócalo. Y desde ahí te miro, te miro y me mirás como si fueses otra. Tantas gentes tiene uno en las tantas gentes que se tienen. Es complicado. Y más con esta zamba que me zumba. Que me zumba y me zambulle. Me zambulle en el zumbido de cien zetas en el sócalo. 
 
¿qué sabor tendrá el blogmundo este febrero finmundista?