Lapachos Rosados

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martes, 24 de abril de 2012

Serendipia


Dicen por ahí que hay un mueble que antes era árbol.
Dicen además que los frutos eran libres e incondicionales, que tenían un amor tal que alcanzaban a amar a todos los hombres. Me parece que las mujeres y los niños también conocían su sabor, pero no recuerdo bien, porque el secreto lo escuché de un primo que le contó una amiga que le confesó su abuelo que vino –dice- de un lugar que era verde porque era verde.
Las malas lenguas atestiguan que el agua tenía otro sabor, o que estaba o era el suelo o del suelo o con él, o algo así. Que los gallos le cantaban al sol y no a los relojes. Que el azúcar era negra e incluso más dulce, que el negro era negro y no era el mal. Qué injuria.
Que el sol, que…aquí desiste mi memoria. Creo que era el mismo que hoy, pero debo estar enredada (¿cómo no estarlo cuando hay tantos secretos tan confundidos?). Usted también hubiese olvidado que dijeron del sol cuando se hablaban de incontables otras cosas tanto más relevantes. Sabrá usted que han llegado a insinuar que la belleza no se compra o que existirían niños que no brotan de la calle. ¡Qué originales!

Nada importa. Al final, es todo una cuestión de ópticas, estos tipos están tan equivocados que hasta se han atrevido a decir que aquí los muertos viven y votan y velan y viajan.





Jazmín 

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