Existe un espacio oculto, escondido en donde se atesoran
mudras vírgenes al abrigo de la eternidad; de la única verdadera, la que no
existe porque no la podemos pensar, pero es más allá del ingenio. En las plazas
recónditas del origen del todo ¿es que acaso me pertenezco?
Nos visten de palabras, nos desvestimos y en esta realidad
cíclica que todo transforma nos volvemos a envolver debajo de la línea de lo
que suponemos ser. Nada nos contó antes cuán extinta podía ser la pulsación de
ser infinitos o de creer que el amor no es viento. Quizás nos cueste esta vida,
o varias, apresar ese pensamiento, el único que no debiera ser transitorio.
Pero si ni siquiera podremos capturar la verdad de no pertenecernos una vez que
se ilumina, descubriremos la magia de ser maravillas en secreto.