Lapachos Rosados

Lapachos Rosados

sábado, 1 de septiembre de 2012


Carta-itinerario de mi tuya observancia

Ayer, a la hora del sol que reflejan las aguas del este.


Te veo correr.
Te veo.
Correrte.
Veo tu anhedónico pasar honrando la porfía del otoño.
Deshabitándote, burlas las ciénagas.
Huyes con tu tan tuya presura siguiendo un rastro, una estampa más allá del vacío.
Pasas la luna, la redimes y continúas.
Detrás de un par de canicas amarillas hijas del desierto negro y erguido: tu antiguo taco hedonista aplaude presumido el obvio regreso.
No corres más.
¿Qué sucede?
Distingo tu sed y los globos, pero se cierra el cielo y no aclama si has llegado a destino o si él si quiera te esperaba.
Ahora el surco es sólo un rastro ultrajado sin nombre que me confía tu ausencia o tu pasado presente.
¿estarás a tiempo?

Hasta que abra el cielo.

Irrespetuosamente,
Jazmín.


Pd: Olvidaste tus huellas mudas. Les pregunté qué desean, si acaso querrían morir, pero por tuyas

 no supieron qué decirme.