Carta-itinerario de mi tuya observancia
Ayer, a la hora del sol
que reflejan las aguas del este.
Te veo correr.
Te veo.
Correrte.
Veo tu anhedónico pasar honrando la porfía del otoño.
Deshabitándote, burlas las ciénagas.
Huyes con tu tan tuya presura siguiendo un rastro, una estampa
más allá del vacío.
Pasas la luna, la redimes y continúas.
Detrás de un par de canicas amarillas hijas del desierto
negro y erguido: tu antiguo taco hedonista aplaude presumido el obvio regreso.
No corres más.
¿Qué sucede?
Distingo tu sed y los globos, pero se cierra el cielo y no
aclama si has llegado a destino o si él si quiera te esperaba.
Ahora el surco es sólo un rastro ultrajado sin nombre que me
confía tu ausencia o tu pasado presente.
¿estarás a tiempo?
Hasta que abra el cielo.
Irrespetuosamente,
Jazmín.
Pd: Olvidaste tus huellas mudas. Les pregunté qué desean, si
acaso querrían morir, pero por tuyas
no supieron qué decirme.
no supieron qué decirme.
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