Recomendaciones a mí: La razón no debiera ser tu psicopompo
Uno piensa en la muerte.
Piensa en la muerte con la ilusión de que cuando te roce no
sea tan agreste, tan amarga.
Piensa y se convence de que no morimos, que somos energía disipada
besando ahora otros sabores. Se asegura que el vencido ahora es viento o marea
o luz. Y siempre tiende a eso. No tratamos de convencernos pensando que se
convirtió en la oscuridad o en papel higiénico, como si eso le quitara belleza.
Imaginamos lo sabroso de morir, la dulzura de encontrar todo relucientemente
nuevo, hasta el propio cuerpo; la gentileza de preguntarse quién nos regalará
un nombre esta vez, quién secará nuestro llanto o quién lo convertirá en lágrimas
huecas; quién nos contará una verdad, que morirá también como nosotros alguna
vez.
Que se yo, tal vez si quiera florezcamos mujeres u hombres y seamos
en cambio los más fragantes benjuís, pero aún así nos negaremos a no dudar si
seremos blancos o violetas. Querremos saberlo. Querré hacerlo.
Todo esto como si no estuviese claro que uno de pronto
revienta y ya no se sabe qué es el tiempo o qué es la luna.
Posdata-post mortem A: mi pensamiento está obsesionado
conmigo. no podrá soportar mi partida. morirá conmigo. pienso en aniquilarlo
antes. quedarme en el limbo. con la música, la indócil diosa de los sentidos
todos. Pero hay algo en las ideas que me obliga a habitarlas. No lo sé. ¿Ven?
Otra vez, querré saberlo.
B: Leer la palabra “revienta” haciendo hincapié en la R,
pronunciarla dándole lugar a una existencia más longeva que la que le darían a
la r de un perdón indeseado. Osea, rrrrrrrrrrevienta. Posta, hace al sentido.