Lapachos Rosados

Lapachos Rosados

martes, 10 de febrero de 2015

Vuela alto
Hasta que toda la humanidad quepa en tu piel
Hasta que solo,
desnudo de palabras y de cosas,
habites la fiesta del cielo y del vacío,
te desvistas de tus cuerpos
y regreses sin tus mundos

con nada más que todo para dar

lunes, 19 de enero de 2015

A decir verdad, despertar puede ser a veces un calvario insoportable en el que uno no sabe por qué se empeña en descubrir si las olas son de Dios o de jabón. Y en realidad, son de dios y de jabón. Lo cierto es que así como hoy amamos las mandarinas y las flores de naranjo, del mismo modo las odiaremos mañana, y en cuanto despertemos otra vez, serán el único fruto posible. Seguro luego amemos y odiemos todo fruto, toda flor y todo azahar, porque siempre se odia un poco más de lo que se ama y siempre termina uno adorando lo que odia. Entonces ¿qué significará en sí “a decir verdad”? Lo que somos es desde el comienzo una interrogación inadmisible, y lo que creemos ser… pocas cosas más patéticas que lo que creemos ser. En principio, como vemos, no van a servirnos de ayuda. Ni hablar de lo que decimos ser, ni hablar de lo que decimos ser. Por ahora me quedaré con lo que decidimos ser y pensemos en todo lo torpe, lo falso, lo insensato que hemos hecho. Ahí está el camino. Claro que podríamos engañarnos con una delicada manera de mirarnos y movernos diciendo cosas, las más banales que surgiesen, como la mayoría de las cosas que se dicen. También podríamos dejar la lengua seria y envolverla de palabras finas al oído del lector. O bien, podría yo cagarme en tu mirada sobre estas letras y con una risa cruda y plástica darte palabras negras que den asco. Pero, ¿dónde estaría yo allí? En ninguna parte, te aseguro. Uno podría decir dulzura en flor o bebé muerto en una misma oración, y no sería mentira. Ni en los algodones ni en la mierda se edifica la verdad. La verdad es una ausencia que respira en el silencio de la carne sin vestido.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Tener la piel de la conquista y los ojos ajenos. 
Tener las huellas de esos dedos, que ahogados de deber se entintaron en mi espalda, a cambio de una imagen, mampostería pintada de blanco. 
El dorso teñido de silencio descansa junto al símbolo de la piel invadida y blanca, detenida en un poder pálido y sutil, que rumia, jadea aún en las vidas de muchos de nosotros, asnos del dominio, que ingratos cargamos con el nombre de tiempos bandidos, intrusos, extraños, tiempos que no dejaremos volver si usurpamos nuestra piel con la voz de esta tierra, con la vida viva de hoy, mestiza de mundos de ayer.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Las olas no dan tregua al mar cuando amanece el olvido de los días que son frágiles caricias de agua y sobrevuelan la intemperie de tus dedos muertos de inventar palabras como copos sueltos sin su familia de nieve que se amarra al viento que posee todo amor al saber que existe un tiempo sin fronteras que amarillas corren las banderas de los años que no vienen solos y que vuelven como olas sin perdón al incierto pasado de tu piel que espera inerte una respuesta de los bosques blandos que mienten como espejismos de las horas de fuego marchito en el ensueño de poetas con poemas sin puntuación al abrigo del engaño manifiesto de imagenes con vanas luces que nos nombran como peces en preciosas alcantarillas de inmensidad

jueves, 21 de agosto de 2014

El futuro no tiene piel
Y en esa inocencia: tu mundo se reduce al suyo y el suyo no deja de redundar en sí.
Allí: la crueldad, la negrura de la luz que proyecta su sombra a la nada.
Ella: esfumándose detenida, se asegura en el vacío
Tu alma: estruendo absurdo y fugitivo como el tiempo
Lo absurdo: puede prescindirse de cualquier imponderable
El principio: jamás perdura
El final: es la lengua negra de todo amor
Jazmín

miércoles, 16 de julio de 2014

Dejar el nombre quieto
con la cara lavada
escribir palabras mugrientas,
rotas, agrietadas por el tiempo que les escupe
tan usadas que da asco nombrarlas
dejarlas quietas
como a los nombres
repletos de pajaritos
tan móviles
tan imbéciles,
insulsos
dejarlos quietos
sin nombre
sobornados en la gracia del misterio,
de la magia , o del tiempo
que son la misma cosa
que te enfrenta a otro invento
tan verdadero
tan estúpido
y tan efímero
como las bailarinas sin rosas
que huyen
breves,
diluidas, corruptas
y al final
se destruyen
Jazmín
(luego de una regresión corpo-filogenética al siglo XVIII)

sábado, 12 de julio de 2014