Es domingo
llueve
y hay que conocer el mar
poner la niñez en un poema
tratando de consumir el mundo
en un libro de oro,
rodeado de flores.
Proponer el sol,
después de los años,
tratando de que algo pase
y a veces no pasa nada,
y es sólo la noche,
y es sólo la calma.
Cartografiar entre las luces
un pequeño espacio
tupido y azul
defendiendo ese mar
que se acurruca en los ojos del agua
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