Lapachos Rosados

Lapachos Rosados

martes, 25 de marzo de 2014

Se habla de una crisis de sentido. Hace años. Hace años que se habla de la pérdida de legitimidad de instituciones, de las profesiones en sí mismas. Hace años que el costado más progre de las universidades, fomenta desde el mismo lugar la creación de nuevos significados, proponen “otros métodos” “otras alternativas”, citando los mismos autores, las mismas obras, la misma película. ¿Otras alternativas? Hace años que lo alternativo es parte sustancial de lo instituido (que hace ya años también languideció). Encima se habla de adolescencias prolongadas, ¿por qué querría uno dejar de adolecer cuando la propuesta adulta es faltar al propio deseo? dejar de ser, dejar de buscar la esencia porque “hay que...”, porque “¿qué vas a hacer de tu futuro?”(¿y qué voy a hacer de mi presente? ¿Inventarme un interés para tener un futuro conveniente y poder pagarme el arreglo de los dientes?). ¿Qué haré?, la propuesta es trabajar para sobrevivir (y si caíste en la favorecida clase media y querés vivir, podés buscarte una profesión que te quede cómoda y sea rentable, para sostener el buen vivir que te vendieron.). Nuestra cultura nos propone las universidades, y las universidades -“copadas”- te incitan a que seas un agente de cambio ya que “todo está en crisis” y “hay que hacer algo”, pero nadie sabe ni cómo ni dónde ni cuándo. Mientras tanto podés sumarte a la ola de los vendedores de verdades más o menos novedosas.
Nos hablan de nuevas propuestas, es que “ustedes los jóvenes” pueden modificar las cosas. ¿Qué cosas? Yo no veo el objeto de construirle nuevas puertas a fórmulas que ya están muertas (y hace rato). Para colmo, se justifican los que ya entendieron cómo es la cuestión, porque no se animan a ver que ya no existe lo que creyeron que iba a ser “el cambio desde adentro”. Me pregunto ¿desde adentro de dónde si ya no hay nada? ¿Y si no hay futuro? ¿Y si el futuro es más simple que toda lo que esta alharaca de intelectuales suponen?. En las instituciones modernas no está el germen de ningún porvenir, desconozco en el oráculo de qué compendio antiguo sacaron la predicción de que una vez que entendiésemos que el progreso no existe, deberíamos insistir con cooonstruir, deeeconstruir y reeeeconstruir lo dado. Ya está. Ya fue. Hay que hacer algo nuevo. Alternativo a nada. Nuevo sin más. Sin tanta cháchara y con más amor. ¿Qué esperamos? ¿Qué deseamos? (pensémoslo más allá de la imagen que supusieron otros de otros de otros de otros, que nos haría feliz. ¿felíz? ¿eh?). Y si mi deseo es levantarme a regar flores amarillas y amar hasta morir, ¿qué hago aquí entre edificios húmedos escuchando todos los días “licenciados en psicología”?.
Que se yo, no imagino a la teta de qué poder nos habremos prendido para no poder despegar de esta ilusión que ya cesó. ¿El mañana? el mañana es el arte de hoy.

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